A veces se nos olvida lo importante.

La vida parece ir tan deprisa (y nos hemos creído que tenemos tantas cosas que hacer), que no nos acordamos de la importancia de parar y de dedicarnos un tiempo de calidad para reconectar.

Probablemente, un día en mitad de tu práctica de yoga, tuviste esta certeza y te comprometiste contigo a dedicarte ese espacio, tu tiempo, a habitar cada día tu cuerpo con consciencia, a sentarte en silencio… pero siempre hay algo más urgente, y nos terminamos olvidando.

Pero… ¿puede haber algo más apremiante que volver a sentirnos VIVOS?

Yohagoyogahoy.com trata de recordarte esto cada semana y animarte a seguir desgastando tu esterilla:


¿Para qué hago yoga hoy?


YO HAGO YOGA HOY porque el mundo gira demasiado rápido y mis pies han olvidado el tacto de la tierra. 

No busco la perfección en las posturas, ni busco competir con los límites de mis articulaciones.

Hoy, desenrollo mi esterilla para declarar un armisticio: firmo la paz con mi exigencia y me reconcilio con mi cansancio.

Hoy decido parar.

YO HAGO YOGA HOY para pulsar el botón de reseteo. 

Para limpiar el cristal por el que miro la vida, empañado por las prisas de una semana que me ha exigido ser alguien que no siempre reconozco.

Al inspirar, el aire no solo llena mis pulmones; llena los huecos que el estrés había dejado vacíos, desatendidos.

Al expulsar, el aire no solo sale: me vacío de todo aquello que no es mío.

Es una limpieza profunda, un barrido de cenizas que me permite, por fin, reconectar.

Mientras me muevo con consciencia, el mapa de mi cuerpo se va iluminando.

Cada vértebra que se recoloca es una pregunta que encuentra su respuesta.

Cada equilibrio es un pacto entre mi fuerza y mi fragilidad.

En el vaivén de la respiración, el tiempo deja de ser una línea recta que me persigue y se convierte en un círculo que me acoge.

Ya no hay antes, ya no hay después. Solo existe este aquí, este ahora, este latido que confirma que estoy presente.

YO HAGO YOGA HOY para volver a mi centro. Ese punto exacto donde la balanza se detiene y el ruido se vuelve silencio.

Es un encuentro conmigo, una cita con mi esencia que siento como un cálido abrazo.
Es dejar de buscar fuera la aprobación, el refugio o la calma, y descubrir con asombro que la llave siempre ha estado en mi bolsillo.

Al final, cuando el cuerpo se rinde al suelo y los límites entre uno y otro se difuminan, la verdad emerge sin esfuerzo: he vuelto a casa.

No he ido a ningún lugar extraño; simplemente he quitado los obstáculos que tapaban la entrada.

Practico para recordar quién soy cuando nadie me mira, cuando nada me empuja, cuando solo soy consciencia en busca de su propio silencio.

YO HAGO YOGA HOY, y en ese acto sencillo, el universo entero recupera su equilibrio.


Om Shanti!

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