Namasté!
Hay momentos del año que parecen invitarnos de manera natural a comenzar de nuevo. La vuelta a la rutina después del verano es uno de ellos. Recuperamos horarios, retomamos nuestras obligaciones, volvemos al trabajo, a las clases, a los compromisos… y, casi sin darnos cuenta, iniciamos una nueva etapa.
Pero volver a empezar no significa simplemente recuperar lo que hacíamos antes. Cada comienzo trae consigo la posibilidad de renovarnos.
Nuestro cuerpo conoce muy bien este proceso. De hecho, está constantemente renovándose. Cada respiración es un ciclo que nos ofrece una oportunidad para soltar lo que ya no necesitamos y recibir algo nuevo. Inspiramos y recibimos. Expulsamos y dejamos ir. Y, en ese movimiento aparentemente sencillo, encontramos uno de los grandes aprendizajes del yoga: la vida es un continuo proceso de renovación.
También nuestra energía cambia.
Hay momentos en los que nos sentimos llenos de vitalidad, con claridad y entusiasmo, y otros en los que necesitamos parar, descansar o recogernos. Pretender mantener siempre el mismo nivel de energía puede convertirse en una lucha innecesaria. Quizás la clave no esté en intentar conservarla, sino en aprender a renovarla una y otra vez.
El yoga nos enseña precisamente a relacionarnos con estos ciclos.
Cada vez que nos colocamos sobre la esterilla tenemos la oportunidad de observar cómo llegamos. No somos los mismos que ayer, ni siquiera los mismos que hace una hora. Nuestro cuerpo ha cambiado, nuestra respiración ha cambiado y también nuestra mente.
La esterilla puede convertirse así en un lugar donde resetearnos, si vivimos la clase de yoga como un proceso en el que vamos poco a poco soltando todo lo que nos sobra y recargándonos de energía renovada.
Una de las herramientas más poderosas que nos ofrece el yoga para este proceso es la respiración.
Respirar conscientemente es una forma sencilla de regresar al presente. Con cada inspiración podemos imaginar que recibimos energía nueva y con cada exhalación podemos permitirnos soltar aquello que ya no necesitamos: tensión, cansancio, pensamientos repetitivos, preocupaciones…
Una clase de yoga vivida con consciencia, puede recordarnos que siempre existe la posibilidad de comenzar de nuevo.
No necesitamos esperar a que llegue un nuevo año, un lunes o una fecha especial para hacer un cambio. Nuestro cuerpo nos ofrece una pequeña oportunidad de renovación cada día.
Esta vuelta a la rutina puede ser una buena oportunidad para preguntarnos:
¿Qué energía quiero llevar conmigo a esta nueva etapa?
¿Qué necesito dejar atrás?
¿Qué puedo hacer para cuidar y renovar mi energía?
No podremos decidir todo lo que va a suceder en las próximas semanas, pero sí podemos elegir cómo queremos habitarlas. Podemos comenzar desde la presencia, desde la respiración y desde una mayor escucha de nuestro cuerpo.
Esta semana te propongo utilizar tus prácticas de yoga como un espacio de renovación. Observa cómo llegas a la esterilla y cómo te sientes al terminar. No busques conseguir nada especial. Simplemente permite que la respiración, el movimiento y la atención hagan su trabajo.
El yoga es una maravillosa herramienta para volver a nosotros mismos una y otra vez. Para parar, observar, equilibrarnos y comenzar de nuevo.
Que esta nueva etapa sea también una oportunidad para renovarte.
Elige renovarte, elige ser feliz!
Om Shanti!